Según el Dr. Kevin Stillwagon, piloto retirado y experto en inmunología, “algo sucedió en 2021” que ha puesto en riesgo la seguridad de los viajes aéreos. Desde ese año, coincidiendo con la imposición de las vacunas de ARNm contra la COVID-19 a pilotos y tripulaciones bajo presión del gobierno y las aerolíneas, se observa un 40% más de muertes prematuras de pilotos y una triplicación de las discapacidades a largo plazo. “Las incapacitaciones de los pilotos definitivamente están aumentando, especialmente en los pilotos más jóvenes… Hubo un aumento del 40% en el número de pilotos que murieron prematuramente, antes de la edad de jubilación obligatoria de 65 años, en 2021… A partir de 2021, las discapacidades a largo plazo de los pilotos se han triplicado… Antes de 2021, solo hubo un cuasi accidente en el Aeropuerto Nacional de Washington (DCA). Pero después de 2021, hubo 28 cuasi accidentes al año”, dijo Stillwagon en una discusión por video con Nicolas Hulscher, epidemiólogo y administrador de la Fundación McCullough.
Stillwagon subraya que estas inyecciones fueron ilegales, ya que los pilotos comerciales no pueden recibir productos experimentales según el Manual de asesoramiento aeromédico de la FAA. Sin embargo, compañías como United Airlines llegaron a pagar a los pilotos para violar la ley federal, colocándolos en una disyuntiva entre su salud, sus creencias religiosas y su carrera. El médico denuncia también que la FAA suspendió en 2022 su base de datos de incapacitación de pilotos, lo que impide detectar tendencias sistémicas. “Monitoreamos la temperatura del aceite del avión con una precisión de una décima de grado, pero no rastreamos si el piloto puede sufrir un evento cardíaco”, afirmó. Los riesgos no son menores porque se trata del responsable de cientos de vidas que podría sufrir insuficiencia cardíaca, miocarditis, confusión mental y hasta convulsiones en pleno vuelo. “Esto es enorme”, advirtió Stillwagon.
Según explica LifeSiteNews, “Si un piloto utiliza un producto médico no aprobado, los cirujanos de vuelo deben tomar medidas administrativas para revocar o denegar la emisión del certificado médico de vuelo del piloto hasta que la FAA se pronuncie sobre la seguridad de dicho producto. Sin embargo, UAL alentó, coaccionó e incluso pagó a los pilotos para que violaran esta ley federal. Los pilotos que se vieron obligados a someterse a las vacunas experimentales se encontraron atrapados en una terrible disyuntiva, con sus carreras en juego. Quienes aceptaron la vacuna contra la COVID-19 bajo presión no solo fueron obligados a violar sus creencias religiosas, sino que se vieron obligados a elegir entre acatar las normas de seguridad de la FAA o incumplirlas, poniendo en riesgo su salud y la de sus pasajeros”.
El trasfondo, dice, es ideológico: “La ciencia se ha confundido con los años. El problema con las vacunas es principalmente ideológico. Es casi como una religión”. La tecnocracia biomédica, bajo la bandera de la seguridad sanitaria, habría puesto en peligro la seguridad aérea, transformando al piloto, responsable último de cientos de vidas, en lo que Stillwagon llama “el componente menos monitoreado de la cabina”.
Aquí es importante recordar lo que ha sido la tecnocracia de la OMS y el BioPoder desplegado durante los últimos años. El concepto de biopoder, acuñado por Michel Foucault, describe la forma moderna de control político que se ejerce no solo sobre los territorios o las leyes, sino sobre la vida misma de las personas. Se trata de un poder que administra cuerpos y poblaciones mediante normas sanitarias, estadísticas, protocolos médicos y coerción ideológica. Si en el pasado el soberano tenía la potestad de “hacer morir y dejar vivir”, el biopoder moderno se centra en “hacer vivir y dejar morir”, lo que se traduce en regular la salud, la natalidad, la sexualidad y hasta la muerte, siempre bajo el argumento de proteger la seguridad colectiva.
La denuncia del doctor Kevin Stillwagon sobre la seguridad aérea ilustra de manera nítida esta lógica biopolítica. Según el piloto retirado y experto en inmunología, la imposición de las vacunas de ARNm contra la COVID-19 a pilotos y tripulaciones bajo presión de las aerolíneas y del propio gobierno es muestra cabal de ello. A partir de la pandemia, señala, las muertes prematuras de pilotos aumentaron un 40 % y las discapacidades a largo plazo se triplicaron. La imposición fue ilegal, ya que los pilotos comerciales tienen prohibido por ley recibir productos experimentales, como establece el Manual de asesoramiento aeromédico de la FAA. Sin embargo, las compañías llegaron a coaccionar e incluso pagar a los pilotos para que aceptaran la inyección, colocándolos en una disyuntiva brutal, violar sus creencias y arriesgar su salud o perder la carrera profesional.
La dimensión biopolítica se hace aún más evidente en el manejo de los datos. Stillwagon denuncia que la FAA suspendió en 2022 su base de incapacitación de pilotos, lo que impide detectar tendencias sistémicas. Mientras la máquina es vigilada hasta en sus mínimos detalles, el piloto, ser humano, portador de riesgos crecientes por la vacunación forzada, queda reducido a “el componente menos monitoreado de la cabina” (valga la redundancia).
En nombre de una “ciencia oficial” sacralizada, la tecnocracia biomédica se impuso sobre las libertades individuales, sobre la seguridad aérea e incluso sobre la legalidad vigente. Aquí se revela el verdadero rostro del biopoder que es un poder que, bajo la excusa de proteger la salud colectiva, gestiona la vida de los individuos como si fueran meros recursos administrables, sacrificando tanto la libertad como la seguridad real de la sociedad.