Ser padre joven puede transformar la vida con aprendizajes, energía y más tiempo para disfrutar en familia. Más allá de los retos, criar desde temprano permite crecer junto a los hijos, comprenderlos mejor y proyectar un futuro sólido para todos.
Si eres un padre joven, es normal que tus viernes por la noche sean muy distintos a los de tus amigos solteros. En lugar de salir a cenar o tomar algo, probablemente estés bañando a tu hijo y leyéndole un cuento antes de dormir. Ser papá o mamá joven puede traer cansancio y nostalgia por tu vida anterior, pero también es un gran regalo de Dios lleno de bendiciones. La Iglesia nos recuerda que los hijos son un don y una misión. Criarlos desde jóvenes puede traer beneficios que quizá no imaginas. Aquí tienes algunos:
Los hijos nos enseñan paciencia, entrega y amor verdadero. Muchas veces, ellos nos ayudan a crecer más de lo que pensamos.
Querer lo mejor para ellos nos impulsa a cuidar nuestra salud física, emocional y espiritual, para poder acompañarlos bien.
Cuando se es joven, es más fácil dejar atrás ciertas comodidades para abrazar la responsabilidad con alegría.
Si Dios lo permite, tener hijos temprano te da la posibilidad de tener más y acompañarlos durante más años.
Al ser menor la diferencia de edad, se comparten intereses y se entiende mejor su forma de ver la vida.
Criar desde joven significa tener más años para compartir momentos y recuerdos.
Los hijos nos impulsan a planificar, trabajar y esforzarnos con amor, sabiendo que todo lo que hacemos es para su bien.