Los dones que recibimos de Dios deben usarse en un servicio amoroso a los demás, en lugar de guardarlos para uno mismo, explicó el Papa León XIV en su discurso del Ángelus del 10 de agosto en la Plaza de San Pedro.
“En el Evangelio de hoy Jesús nos invita a considerar cómo invertiremos el tesoro que es nuestra vida”, afirmó el Papa León, señalando que Jesús instruye a “vender vuestros bienes y dar limosna”.
«No se trata —dijo el Papa León— de compartir los bienes materiales que poseemos, sino de poner nuestras habilidades, tiempo, amor, presencia y compasión al servicio de los demás. En resumen, todo aquello que, en el plan de Dios, hace de cada uno de nosotros un bien inestimable e irrepetible, un bien vivo y palpitante, debe cultivarse e invertirse para que crezca».
Si no se cultivan, advirtió, “se secarán y perderán valor” o correrán el riesgo de perderse por completo.
Por ello, el amor es esencial para encontrar la verdadera riqueza en la vida, enfatizó.
“Necesitamos espacio, libertad y relaciones para alcanzar la plenitud y expresarnos”, dijo el Papa León. “Necesitamos amor, que por sí solo transforma y ennoblece cada aspecto de nuestra existencia, haciéndonos cada vez más semejantes a Dios. No es casualidad que Jesús pronuncie estas palabras mientras va camino a Jerusalén, donde se ofrecerá en la cruz por nuestra salvación”.
Continuó diciendo: “Las obras de misericordia son el banco más seguro y rentable donde confiar el tesoro de nuestra existencia, porque allí, como nos enseña el Evangelio, con ‘dos moneditas de cobre’ también la viuda pobre se convierte en la persona más rica del mundo”.
Recordó cómo San Agustín decía que una persona que da una libra de cobre estará “encantada” de recibir a cambio una libra de plata; asimismo, hay un efecto transformador en la persona que da con amor, ya que recibirá a cambio la vida eterna.
Citó a San Agustín diciendo que lo que se da “se transformará, porque tú mismo serás transformado”.
Para entender lo que quiere decir con esto —dijo el Papa León—, podemos pensar en una madre que abraza a sus hijos: ¿no es la persona más bella y rica del mundo? O en unos novios, cuando están juntos: ¿no se sienten como reyes? Podríamos pensar en muchos otros ejemplos.
Instó a los fieles a permanecer atentos a todas las oportunidades para actuar con amor, ya sea en la parroquia, el hogar, el trabajo o la escuela.
“Esta es la vigilancia que Jesús nos pide: cultivar el hábito de estar atentos, dispuestos y sensibles unos a otros, tal como Él está con nosotros en todo momento”, dijo el Papa León. “Hermanas y hermanos, confiemos a María este deseo y esta responsabilidad: que ella, Estrella de la Mañana, nos ayude a ser los centinelas de la misericordia y la paz en un mundo marcado por tantas divisiones”.
Para concluir, señaló que el Santo Papa Juan Pablo II enseñó sobre esta vigilancia en un discurso que pronunció en la Vigilia de Oración por la Jornada Mundial de la Juventud en 2000.
“Y de una manera hermosa”, dijo el Papa León, “lo mismo hicieron los jóvenes que vinieron a Roma para el Jubileo”.