El magnate tecnológico revive la polémica sobre el encubrimiento de las redes de abuso sexual vinculadas a Jeffrey Epstein, acusando al expresidente de incumplir su promesa de transparencia.
El caso Jeffrey Epstein ha vuelto a encender las alarmas de la opinión pública. Esta vez no por una nueva revelación judicial, sino por un inusual cruce entre dos pesos pesados del escenario político y mediático: Elon Musk y Donald Trump. El multimillonario dueño de Tesla y X (antes Twitter) arremetió directamente contra el expresidente estadounidense por lo que considera una traición a la promesa de transparencia sobre el escándalo más oscuro de las élites occidentales.
“Simplemente publiquen los archivos como prometieron”, escribió Musk, en respuesta a un usuario que criticó la reciente defensa de Trump hacia la fiscal general Pam Bondi. “En serio. Dijo ‘Epstein’ media docena de veces mientras les decía a todos que dejaran de hablar de Epstein”, añadió en tono sarcástico, cuestionando la aparente contradicción del exmandatario.
Todo comenzó tras la publicación de un memorando conjunto del Departamento de Justicia y el FBI, divulgado el lunes, que pretendía poner punto final a las teorías que rodean el caso Epstein. Según el documento, no existe una “lista de clientes” utilizada por Epstein para extorsionar a empresarios o políticos, y se confirma que su muerte en una celda federal en 2019 fue “suicidio por ahorcamiento”.
Sin embargo, lejos de apaciguar la indignación, el informe ha sido interpretado como otro capítulo en el encubrimiento de una red criminal que, según múltiples periodistas y víctimas, involucró a miembros de la realeza, magnates financieros, académicos de élite y figuras del espectáculo. La ausencia de imputaciones contra los presuntos cómplices o beneficiarios de la red ha generado profunda desconfianza.
Pam Bondi, exfiscal general de Florida y cercana colaboradora de Trump, fue señalada por varios sectores como una figura clave que habría tenido acceso a información sensible sobre el caso, sin haberla hecho pública. En vez de permitir que se investigue su rol, Trump salió en su defensa mediante una extensa publicación en Truth Social, acusando a sus detractores de intentar “dividir a la base” y describiendo la polémica como una “cortina de humo” promovida por Obama, Hillary Clinton y otros enemigos políticos.
El conflicto escaló cuando Musk, quien en los últimos años ha ido tomando un perfil cada vez más político, respondió con dureza al intento de Trump de cerrar el tema. En otra publicación, el empresario fue tajante:
“¿En qué demonios vivimos si miles de niños fueron abusados, el gobierno tiene videos de los abusadores y, sin embargo, ninguno enfrenta cargos?”
Musk ha sido un crítico frecuente del “Estado profundo” y de las instituciones que considera cooptadas por intereses políticos. Pero en esta ocasión, sus dardos apuntaron directamente a Trump, un giro significativo dada la simpatía que había mostrado en el pasado hacia algunas de sus políticas.
La crítica no es menor. Durante su primera campaña presidencial, Trump prometió “drenar el pantano” y limpiar Washington de corrupción. Uno de los símbolos de ese compromiso era su aparente voluntad de desclasificar los archivos sobre Epstein y exponer a los implicados. Sin embargo, tras su llegada a la Casa Blanca, poco o nada se hizo al respecto. Y aunque su administración detuvo y procesó a Ghislaine Maxwell, cómplice de Epstein, muchos interpretaron esa acción como un intento por cerrar el caso sin dañar a nadie más.
Jeffrey Epstein fue arrestado en 2019 por tráfico sexual de menores, y murió semanas después en una cárcel federal en Nueva York. Su muerte fue rápidamente calificada como suicidio, aunque las circunstancias siguen siendo altamente cuestionadas: cámaras que no funcionaban, guardias dormidos, autopsias contradictorias y una serie de coincidencias que han alimentado teorías que involucran a las altas esferas del poder mundial.
Entre los nombres que han circulado en relación con Epstein figuran el príncipe Andrés de Inglaterra, el expresidente Bill Clinton, el propio Donald Trump y numerosos empresarios y académicos. Sin embargo, hasta ahora, ni uno solo de estos personajes ha enfrentado cargos o ha sido públicamente responsabilizado.
Musk ha retomado estas sospechas con un tono directo e incómodo para el establishment:
“El caso Epstein es el talón de Aquiles de Trump”, escribió, insinuando que el expresidente estaría más interesado en proteger a sus aliados que en esclarecer la verdad.
Este episodio también marca un punto de inflexión en la relación de Musk con la política estadounidense. Aunque ha tenido cruces con la administración Biden y ha apoyado posturas conservadoras en temas de género, censura y libre empresa, su reciente distanciamiento con Trump sugiere que busca posicionarse como una figura independiente, crítica de ambos partidos tradicionales.
Hace solo unos días, Musk anunció la formación de un nuevo partido político: America Party, que pretende romper el bipartidismo y representar “al votante traicionado”. Su confrontación con Trump en torno al caso Epstein podría formar parte de esa estrategia de diferenciación, apelando a quienes se sienten abandonados por el sistema y buscan una opción más radical en términos de transparencia y justicia.
El exmandatario, por su parte, ha intentado bajarle el perfil al tema. En sus más recientes declaraciones, calificó el escándalo como una “pérdida de tiempo” y pidió a sus seguidores concentrarse en las prioridades de su segundo mandato.
“No desperdiciemos tiempo ni energía en Jeffrey Epstein, alguien que a nadie le importa”, sentenció, en una frase que ha sido duramente criticada por víctimas, activistas y ahora también por Elon Musk.
Lo cierto es que el caso Epstein continúa siendo una herida abierta en la conciencia pública. La falta de justicia, la opacidad institucional y el silencio de muchos medios dominantes alimentan la sospecha de que estamos ante una de las redes de encubrimiento más grandes de la historia contemporánea.
Y mientras Trump opta por el silencio, Elon Musk ha decidido que la conversación apenas comienza.