Por años se nos dijo que Trump había conspirado con Rusia. Pero documentos ocultos, ahora desclasificados, revelan una operación orquestada desde las más altas esferas del poder para fabricar esa historia. El FBI, la CIA y la campaña de Clinton jugaron un rol clave. Hoy, el Russiagate se derrumba como uno de los mayores fraudes políticos en la historia de Estados Unidos.
El Russiagate fue una teoría ampliamente promovida entre 2016 y 2020 que afirmaba que la campaña de Donald Trump había colaborado con el gobierno ruso para interferir en las elecciones presidenciales de EE. UU. El eje principal de la narrativa fue el “Steele Dossier”, un documento financiado por la campaña de Hillary Clinton y el Comité Nacional Demócrata, que contenía acusaciones sin corroborar contra Trump.
Este dossier, plagado de errores, fue utilizado como base por el FBI para obtener órdenes FISA (Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera) y espiar ilegalmente a miembros del equipo de campaña de Trump, como Carter Page. A pesar de la falta de pruebas, los grandes medios como CNN, MSNBC y The New York Times amplificaron la narrativa durante años.
Las nuevas revelaciones han sacado a la luz que el propio FBI sabía desde el principio que el Russiagate era una construcción política. En el podcast de Joe Rogan, el exasesor de seguridad nacional Kash Patel lo reveló sin rodeos:
“Cuando llegué al Buró, encontré una habitación que [James] Comey y otros escondieron del mundo en el edificio Hoover, llena de documentos y discos duros que nadie había visto u oído antes”.
Kash Patel en The Joe Rogan Experience.
Kash Patel on Joe Rogan: "When I first got to the Bureau, I found a room that Comey and others hid from the world in the Hoover Building, full of documents and computer hard drives that no one had ever seen or heard of…"pic.twitter.com/TsazJMRcF5
— Joe Rogan Podcast News (@joeroganhq) June 6, 2025
Esta cita se corresponde con lo revelado por Patel en investigaciones recientes, donde señaló que dicha sala contenía evidencia que desacreditaba toda la narrativa del Russiagate y confirmaba que el FBI tenía conocimiento anticipado del plan de Clinton para crear un escándalo artificial contra Trump.
Según los documentos que ahora están siendo analizados por el Congreso, James Comey (exdirector del FBI), John Brennan (exdirector de la CIA) y James Clapper (exdirector de Inteligencia Nacional) conocían perfectamente el plan de la campaña de Clinton. Brennan incluso le informó personalmente al entonces presidente Barack Obama sobre la estrategia para vincular falsamente a Trump con Rusia.
En una de las notas desclasificadas, se lee:
“Aproximadamente el 26 de julio de 2016, Hillary Clinton aprobó una propuesta de uno de sus asesores de política exterior para vilipendiar a Donald Trump generando un escándalo que lo vinculara con Vladimir Putin”.
El documento fue enviado como memorándum por el director Brennan al presidente Obama, revelando que la Casa Blanca estaba informada desde el inicio.
Lo más perturbador es que estos documentos no solo fueron ignorados por los organismos de control, sino deliberadamente ocultados. Patel afirmó que muchos de estos archivos fueron guardados en un “cuarto secreto” dentro del FBI, en el edificio Hoover. “Se nos negó su existencia hasta que lo descubrimos por accidente. Era como encontrar un sótano sellado en un museo”, dijo en una entrevista con Epoch Times.
También denunció que los documentos contenían pruebas concluyentes de que la narrativa del Russiagate fue utilizada para distraer al público del escándalo del servidor privado de Hillary Clinton y su manejo negligente de información clasificada.
El fiscal especial Robert Mueller pasó más de dos años investigando las supuestas conexiones de Trump con Rusia, gastando cerca de 32 millones de dólares del dinero de los contribuyentes. Su conclusión fue clara: no hubo colusión.
A pesar de ello, los medios y políticos demócratas nunca rectificaron sus acusaciones, y muchos estadounidenses aún creen que hubo una conspiración, lo que refleja la eficacia de la desinformación institucionalizada.
El Subcomité de Armas del Gobierno Federal ha señalado que la conducta del FBI en este caso representa una grave violación de los principios democráticos. El congresista Jim Jordan advirtió:
“Lo que hemos visto es el uso del aparato del Estado para atacar a un oponente político. Eso es lo que ocurre en países totalitarios, no en Estados Unidos”.
El objetivo no era proteger la integridad electoral, sino sabotear la presidencia de Trump desde dentro. La traición no fue solo contra un presidente, sino contra la nación.
Con las revelaciones actuales, aumenta la presión para que se reabran investigaciones y se exijan responsabilidades penales. Sectores del Partido Republicano están pidiendo que se retire la autorización de seguridad a figuras como Brennan y Clapper, mientras que otros exigen reformas profundas al FBI.
“Si esto le puede pasar a un presidente de Estados Unidos, le puede pasar a cualquiera” —Tucker Carlson.
El Russiagate no fue solo una teoría equivocada: fue una estrategia cuidadosamente elaborada para alterar el curso de la democracia estadounidense. Lo más grave no es que se mintiera: es que las principales agencias de inteligencia participaron activamente en la mentira.
Hoy, con los documentos sobre la mesa y los archivos saliendo a la luz, la verdad se impone: el escándalo fue una farsa, un fraude histórico del que aún no se ha rendido cuentas.