La oleada de ataques contra agentes migratorios en EE.UU. expone una alarmante escalada de violencia promovida por discursos políticos radicales. Mientras el gobierno denuncia un “movimiento insurreccionista dentro del Partido Demócrata”, los agresores ya han pasado de las redes sociales a los disparos, los grafitis de odio y las emboscadas armadas.
“Estamos asistiendo a una temporada de caza contra nuestros agentes del orden”, advirtió Tricia McLaughlin, portavoz del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), al confirmar que las agresiones contra funcionarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han aumentado un 700% en lo que va del año. Una cifra escalofriante que ilustra el clima de hostilidad creciente hacia las fuerzas migratorias de Estados Unidos.
De enero a junio se registraron 79 agresiones, frente a las 10 del mismo período del año anterior. Las semanas recientes engrosan aún más la estadística: desde neumáticos pinchados con dispositivos caseros en California hasta amenazas de muerte en redes sociales, como las vertidas por un hombre arrestado en Buffalo: “Mátenlos a todos, ICE es la gestapo de nuestra era”. Incluso llegó a decir que deseaba disparar a un agente y luego a sus hijos.
En Texas, los hechos alcanzaron otro nivel de gravedad. Un individuo de 27 años abrió fuego contra un edificio de la Patrulla Fronteriza en el aeropuerto de McAllen, hiriendo a tres personas. Días después, diez personas fueron arrestadas por asaltar el Centro de Detención de Prairieland. Vestidos con equipo militar, dispararon entre 20 y 30 rondas contra oficiales desarmados, hirieron a un policía local y dejaron pintadas que incitaban a la “guerra de clases” contra el ICE.
Para el ex zar de la frontera Tom Homan, la violencia no ocurre en el vacío: “Estos grupos marginales se sienten envalentonados… si un congresista puede atacar al ICE, ¿por qué nosotros no?”. En sintonía, Stephen Miller, exasesor de Trump, fue más allá al declarar: “Hay un movimiento insurreccionista dentro del Partido Demócrata que está inspirando el terrorismo doméstico contra el ICE”.
Los señalamientos no se limitaron a lo general. La Casa Blanca y sus portavoces apuntaron directamente contra figuras como la alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, quien interrumpió un operativo migratorio en un parque público, criticando la presencia de agentes armados cerca de niños. Miller la acusó de “movilizar a una turba contra el ICE” y de desafiar el principio de supremacía de la ley federal.
El DHS fue tajante: “¿A quién está protegiendo la alcaldesa Bass? ¿A violadores de niños? ¿A miembros de la MS-13?”. Su intervención en el operativo fue vista por funcionarios como una forma de legitimar el sabotaje y la resistencia violenta contra los agentes federales.
Según reportó Axios, algunos legisladores demócratas reconocen en privado que su base radical pide medidas más extremas. Uno confesó que le dijeron que “tiene que haber sangre para llamar la atención de la prensa”. Otro, ante la discusión de una respuesta pacífica a una crisis, escuchó de sus colegas: “¿Probaste con gasolina?”.
También se ha registrado una creciente presión sobre funcionarios para que se dejen arrestar o se conviertan en “víctimas” de los operativos migratorios, como lo hicieron Brad Lander y el senador Alex Padilla, quien también es coautor de la polémica VISIBLE Act. Esta legislación busca prohibir que los agentes migratorios se cubran el rostro o actúen sin identificación visible.
Desde el DHS han respondido con firmeza: “Nuestros agentes se identifican claramente, usan chalecos marcados, se trasladan en vehículos oficiales y se presentan verbalmente como parte de la autoridad”. Para el gobierno, la narrativa que los presenta como “milicianos encapuchados” solo exacerba la violencia.
En medio de esta tensión creciente, la Casa Blanca publicó una lista de lo que llamó “Demócratas desquiciados incitando a la retórica y la mentira”. La acusación no es menor: se trata de vincular directamente el discurso de ciertos líderes progresistas con una violencia real y tangible contra los agentes federales encargados de hacer cumplir la ley.
La pregunta que permanece flotando es tan simple como alarmante: ¿hasta dónde se puede tensar la cuerda de la retórica antes de que se rompa con sangre?
Mientras tanto, los agentes del ICE, blanco de insultos como “cerdos” y amenazas de muerte, siguen trabajando en la sombra de una guerra política que ya ha dejado heridos, disparos y miedo.