Cerca de 50 organizaciones, entre ellas CatholicVote, Family Research Council, la National Narcotic Officers’ Associations’ Coalition y la Drug Enforcement Association of Federal Narcotics Agents (DEAFNA), enviaron una carta al presidente Donald Trump solicitándole no ceder a las presiones para reclasificar la marihuana bajo la ley federal.
El pedido se produce en medio de un debate nacional sobre la posibilidad de que la Casa Blanca acepte la recomendación del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) de mover la droga de la clasificación Schedule I a la Schedule III.
El sistema de clasificación de drogas de la Administración de Control de Drogas (DEA) evalúa las sustancias según su potencial de abuso y su uso médico aceptado. Bajo la ley actual, la marihuana se mantiene como Schedule I, lo que implica “alto potencial de abuso” y “ningún uso médico aceptado de manera segura”. Sin embargo, la recomendación del HHS bajo la administración Biden ha abierto la puerta a su reclasificación.
Trump reconoció recientemente en conferencia de prensa que una decisión podría anunciarse en las próximas semanas, y aunque admitió la complejidad del tema, subrayó su preocupación por el impacto en la juventud.
La carta enviada a Trump advierte que una reclasificación traería graves riesgos para la salud pública y la seguridad, en particular para los niños. El documento cita datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que revelan que un 30% de consumidores de cannabis cumple criterios clínicos de adicción, y que la sustancia genera un riesgo de dependencia en casi un tercio de sus usuarios.
Los firmantes también expresan preocupación por el incremento de la potencia del THC, el componente psicoactivo de la marihuana, cada vez más vinculado a trastornos de salud mental en adolescentes y jóvenes.
En ese sentido, la coalición señala que los argumentos que comparan la marihuana con drogas duras como la heroína están mal planteados. “La clasificación no es un índice de daño”, indica la carta, “sino un balance entre el uso médico seguro y el potencial de abuso. Y la marihuana encaja perfectamente en la definición de Schedule I”.
Uno de los puntos más relevantes de la carta es el impacto que tendría la reclasificación en sectores de alta sensibilidad laboral. El documento recuerda que, según la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB), los laboratorios certificados para pruebas de drogas no están autorizados a detectar sustancias Schedule III.
Esto significaría que pilotos, choferes de autobuses y camiones, maquinistas de trenes, operadores de barcos y trabajadores que manipulan materiales peligrosos no podrían ser sometidos a pruebas de consumo de marihuana, poniendo en riesgo la seguridad de millones de ciudadanos.
La carta también advierte que la medida abriría la puerta a enormes beneficios fiscales para dispensarios y, por extensión, a carteles de droga y redes de lavado de dinero extranjeras que operan cultivos ilegales dentro de Estados Unidos.
Kelsey Reinhardt, presidente de CatholicVote, ofreció declaraciones contundentes sobre la postura de la organización. Para ella, el problema no se limita a las consecuencias físicas del consumo:
“Hoy la marihuana es una sustancia de alta potencia que altera el cerebro, ligada a la ansiedad, la psicosis y la adicción. En los estados donde se legalizó, vemos cómo la dignidad de la persona se erosiona cada día en quienes abusan de ella.”
Reinhardt, residente en Colorado, advirtió sobre el impacto visible en su propio estado tras la legalización en 2012: aumento de la criminalidad, accidentes de tránsito, indigencia y desorden social. Datos del National Center of Biotechnology Information revelan que desde la legalización, las muertes de tránsito con conductores bajo influencia de marihuana pasaron de 55 en 2013 a 131 en 2020, mientras que el consumo entre adolescentes y adultos supera ampliamente la media nacional.
Además, Reinhardt recordó la advertencia espiritual del arzobispo de Denver, Samuel Aquila:
“Todo lo que disminuye el uso de la razón y la voluntad atenta contra la dignidad del ser humano.”
“Dios nos concedió un don único: la capacidad de razonar”, añadió. “Alterar esa facultad nos aleja de la verdad y, en última instancia, de Dios mismo. Quienes creen que las drogas los acercan a lo divino están profundamente equivocados”.
La presión sobre la Casa Blanca crece mientras Trump evalúa una decisión que podría tener consecuencias de largo alcance en materia de salud, seguridad y política. Pese a la posibilidad de obtener réditos electorales entre votantes jóvenes e independientes, la coalición de organizaciones insiste en que los costos superan con creces cualquier beneficio político.
Desde CatholicVote y su rama hispana, VotoCatólico, reafirmamos nuestra postura: la marihuana es una amenaza para la dignidad humana, la salud de los niños y la seguridad pública. Como hispanos católicos, levantamos la voz contra su “reclasificación” y en defensa de la vida y la razón, dones preciosos que no deben ser debilitados por intereses ideológicos o económicos.