En apenas 200 días desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha desmontado gran parte de la agenda climática de Joe Biden a un ritmo vertiginoso. Lo que al expresidente demócrata le tomó cuatro años construir, ha sido revertido en cuestión de meses con una serie de órdenes ejecutivas, reformas regulatorias y apoyos legislativos. La American Energy Alliance (AEA) ha contabilizado 200 acciones concretas en favor de la energía fósil y contra los mandatos climáticos heredados de la administración anterior.
Trump llegó al poder con una promesa clara: liberar el potencial energético de Estados Unidos y acabar con lo que él mismo llamó el “engaño del cambio climático”. Su programa energético ha dejado clara su intención de volver al petróleo, gas y carbón como pilares de la economía, mientras frena las políticas verdes que habían favorecido a la energía eólica, solar y a los mandatos de electrificación.
En su primer día de gobierno, Trump firmó la orden ejecutiva “Unleashing American Energy”, que marcó la pauta de su gestión. Ese mismo día retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París, revocó las órdenes de Biden que declaraban una “crisis climática” y estableció una moratoria a los nuevos proyectos eólicos y solares en tierras federales.
Otra decisión clave fue revertir la pausa de Biden sobre la exportación de gas natural licuado, lo que permitió al Departamento de Energía aprobar los primeros permisos en cuestión de semanas. En paralelo, la Oficina de Administración de Tierras volvió a emitir arrendamientos de petróleo y gas en tierras públicas antes de finalizar enero, reactivando la explotación de recursos en Alaska y otras zonas estratégicas.
El contraste con Biden es evidente. Bajo su mandato, el promedio anual de arrendamientos petroleros en tierra fue de apenas 219, frente a los 1,244 anuales de Trump en su primer gobierno. Biden bloqueó proyectos clave como el oleoducto Keystone XL, limitó la exploración en Alaska y amplió el cálculo del “costo social del carbono” para frenar la producción fósil.
Trump no solo desmontó estas medidas, sino que actuó con más rapidez que en su primera presidencia. Según Alex Stevens, del Institute for Energy Research, muchas decisiones que en su primer mandato tardaron meses o años, ahora se hicieron en un solo día. La diferencia refleja una administración más decidida y un Congreso republicano alineado con su visión.
La ofensiva climática de Trump ha contado con respaldo legislativo. En febrero, la Cámara de Representantes aprobó la “Ley de Protección de la Producción Energética Estadounidense”, que prohíbe al presidente suspender la fracturación hidráulica sin autorización del Congreso. Ese mismo mes, los legisladores republicanos derogaron la “tasa del metano” impuesta por Biden a las petroleras, y en julio aprobaron la llamada One Big Beautiful Bill, que limitó créditos fiscales que habían subsidiado las energías renovables desde los años noventa
El cambio también se refleja en la Agencia de Protección Medioambiental (EPA). Bajo la dirección de Lee Zeldin, la EPA anunció 31 medidas de desregulación, incluyendo la derogación del Clean Power Plan 2.0 de Biden y las normas de emisiones vehiculares que respaldaban su mandato de electrificación. En julio, la agencia incluso propuso eliminar la “conclusión de peligro” de la era Obama, que había servido de base legal para regular los gases de efecto invernadero.
Aunque los primeros 200 días han estado marcados por una avalancha de acciones, expertos como Stevens prevén que el ritmo disminuirá en los próximos meses. Muchas medidas entrarán en procesos regulatorios más complejos y enfrentarán demandas judiciales de organizaciones ambientalistas. Aun así, la estrategia de Trump busca blindar estos cambios con legislación y normativas firmes, dificultando una eventual reversión en el futuro.
Con este giro, la administración Trump no solo ha desmontado la agenda verde de Biden, sino que ha reconfigurado la política energética estadounidense en torno al petróleo, gas y carbón como motores económicos, alejando al país de compromisos internacionales y del liderazgo climático global.